Inteligencia emocional: la clave de la felicidad y el éxito

Seguro que alguna vez has oído hablar de la inteligencia emocional. La realidad es que desde la generación del milenio es un concepto que se ha puesto muy de moda. El problema es que hay personas que siguen si saber qué significa realmente y sobre todo, cuánta inteligencia emocional tienen.

Para entender este término, primero hay que entender otros anteriores. Según Belén Ramírez, doctora en Derecho y Certificada en Coaching Ejecutivo y Management, poner nombres a las emociones es vital a la hora de actuar en determinada ocasiones con mano izquierda, es decir con inteligencia emocional. Esto es importante ya que «la inteligencia emocional es la clave de la felicidad y del éxito».

Si no sabemos, si no entendemos qué emociones estamos sintiendo, entramos en una especie de bucle que acaba desentonando en una acción, conducta o pensamiento negativo que nos acerca a las emociones tóxicas. Y sí, emociones tóxicas «porque no hay emociones malas», advierte Ramírez. «Todas las emociones son buenas, pero hay que saber gestionarlas».

De la mano de esto, nace la idea de poner etiquetas. Poner etiquetas a todo. Y a todo el mundo. Éstas nacen de emociones que nosotros mismos sentimos. Si en un momento de nuestra vida, sentimos rechazo por una persona, siempre le pondremos una etiqueta negativa (por lo menos para nosotros).

Por ello, trabajar en el autocontrol emocional es fundamental a la hora de encarar una situación, que en un momento dado, supone una amenaza para nosotras.

Un buen ejercicio que nos propone la experta, es practicar alguna vez en nuestra vida «la ventaja de Johari». Básicamente, se trata de evaluar si te conoces a ti misma y qué percepción de ti tienen los demás. Para empezar, puedes enumerar cualidades y cosas a mejorar de ti misma. Puedes hacer una lista en un folio para tenerla siempre presente.

El segundo paso es reunir a un «grupo» de personas que consideres cercanas, de confianza. Pueden ser tus amigos, tu familia, tu pareja o un compañero de trabajo. A continuación, ellos deben decir que características te definen.

El tercer paso, es el más difícil. Se trata de encajar todas estas características en cuatro partes: Parte pública (lo que conozco de mi y los demás conocen), parte ciega (lo que los demás conocen pero yo desconozco de mi), parte severa y parte desconocida (lo que ni yo ni los demás conocemos de mi).

Si ya has practicado alguna vez este ejercicio, debemos darte la enhorabuena, ya que, Ramírez asegura que «esto requiere de mucha madurez». Así que, desde aquí os animamos y «si no lo habéis hecho nunca, hacedlo».

 

 

 

 

 

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